Volver a mirar: Vejez, tiempo de oportunidades

15 de junio: Día Mundial de Concientización

sobre el Abuso  y Maltrato en la Vejez

 

Creo fervientemente en la potencia de las personas, en la belleza de la vida y en la música como “chamana” de un recorrido que adquiere potencia justamente por sus injusticias, inequidades y episodios dolorosos. Conectar con la vida en cada etapa, en cada proceso se asemeja a una germinación permanente, como los porotos que cada dos por tres brotan entre los algodones de los experimentos de mis nietos. Creo que la diferencia está en la apreciación de ese proceso, en la conexión permanente con lo maravilloso del verdor de sus raíces, de sus hojas. El valor de las cosas sencillas. Son palabras bonitas, sí, pero les aseguro que cuando disfruto de Fuerza Mayor adquieren relevancia, verosimilitud. Todo lo que promovemos desde el Club de la Porota, se resume en la potencia de esta agrupación de músicos, percusionistas, cantantes y bailarines de entre 60 y 90 años de edad. Se trata de personas mayores que hallaron en esta propuesta una renovación permanente con el verdor de la vida. Fui testigo de su nacimiento y se los cuento a ustedes porque es mi modo de legar semejante suerte. Y si alguna vez escribo un libro quizá lo inicie de este modo: “En la Ciudad de Córdoba, Argentina, existe una agrupación musical de personas atravesadas por historias de dolor, inequidad e injusticia. Cuando suben al escenario el ambiente se acoraza, y la música cual “chamana” nos acuna, nos invade, nos posee. El tiempo de detiene y la potencia se adueña de cada fibra. Las canas se desprenden y viajan por el aire como estrellas titilantes. Las arrugas bailan al son del tambor. Hay una común-unión. Más de uno se pellizca: “¿Estaremos soñando?”. Hay disonancia, claro, no estamos habituados a asociar a la vejez con la potencia, con la vitalidad… Mucho se dice sobre el “Buen Trato” a las personas mayores; ¿entelequias sobre las cuáles intervenir, o personas como vos, como yo germinando, verdeando, disfrutando de la vida? Estimados, estimadas… con ustedes ¡Fuerza Mayor!”

Gracias, querido Lukas Esquivel por haber sido quien buscó el frasco, quien lo llenó de algodones, quien puso el primer poroto y lo regó con un gotero. Ya no hay porotitos sino más bien un tupido bosque. Tu legado te trasciende.

Porota

 

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Cuando “La Porota” me propuso escribir esta columna respondí afirmativamente en un segundo, sin pensarlo ni una vez. De la misma forma y velocidad en que respondí cuando me ofrecieron comenzar a trabajar con un proyecto musical orientado a personas mayores en los diferentes espacios en los cuales nació “Fuerza Mayor, Círculo de Tambores de Personas Mayores”. Siento que las respuestas que ofrecemos, y que no pasan por el tamiz de la razón, a veces tienen ese “no sé qué” que nos ubica en una situación novedosa, inquietante, potente, y que cuando activamos la cabeza y el pensamiento tenemos la sensación de que está por encima de nuestras posibilidades.

Por eso esta invitación para escribir en vísperas de un día tan importante como es el 15 de junio en la agenda de quienes estamos vinculados al trabajo en la vejez, se vuelve desafiante y un honor, ya que mucho se ha escrito y hablado sobre este tema.

Soy hijo de una sociedad que hace setenta años lucha por no envejecer, que instaló en mí un montón de dispositivos que llenaron mis ojos de prejuicios, juicios, condicionamientos, estereotipos y limitaciones al momento de mirar la vejez, pero también han condicionado mi corazón. Cuando comencé a vincularme con espacios dedicados al trabajo gerontológico y a desarrollar proyectos en esos lugares, llegaban estas fechas y mi reflexión automática estaba puesta en ese afuera hostil con la persona mayor. Como si el abuso y maltrato solamente estuvieran relacionados a situaciones extremas de violencia y desvalorización.

Con el tiempo comprendí que el prisma con el que miraba la vejez condicionaba mi mirada hacia afuera y hacia adentro. Cuando enfoqué la lente hacia mi mismo fue duro encontrar lo que negaba, juzgaba, y reprochaba del afuera. Tomé consciencia de que también estaba envejeciendo, aunque socialmente y según mi DNI entonces solo tuviera 35 años, y que había un sinfín de estereotipos relacionados a la vejez que había naturalizado e incorporado sin cuestionar. Ese fue un punto de inflexión en el que comprendí que era una parte importante en la reproducción automática e inconsciente del paradigma invisible de “maltratos” que fluye como un verdadero virus.

Deconstruir la mirada sobre el envejecimiento no significa destruir o desestimar nuestras vivencias y experiencias, sino observar con atención cómo y por qué las fuimos construyendo, cuáles fueron los recursos, mecanismos, pensamientos, ideas y prejuicios que desarrollamos como sociedad para sostener ese paradigma de vejez.

Este año nos toca vivir un 15 de junio particular; pandemia de por medio, las personas mayores se vieron muy afectadas tanto por el virus COVID 19, como por el “virus” de abusos y maltratos. En este sentido hemos sido testigos de un bombardeo de información, noticias, comunicados, que entre otras cosas apuntaban a este segmento de la población rebautizado a partir del 20 de marzo como: “GRUPO DE RIESGO”. Con esto no quiero minimizar ni relativizar las consecuencias de la emergencia sanitaria que estamos viviendo a escala planetaria. Solo pretendo remarcar esta situación en la que nuevamente la persona mayor queda invisibilizada bajo estereotipos que vulneran los espacios más íntimos del ser humano, dando por sentada una suerte de vulnerabilidad y fragilidad donde vejez y muerte van de la mano.

En este tiempo dirigiendo Fuerza Mayor he sido testigo de la increíble capacidad de adaptación al uso de nuevas tecnologías y aplicaciones para video conferencia para sostener la comunicación. En este proceso de profundo aprendizaje, transformamos tristeza y limitaciones en creatividad, y no solo disfrutamos de cada oportunidad de sentirnos cerca, sino también entre otras cosas de generar material audiovisual que visibilice una realidad diferente para interpelar los estereotipos y condicionamientos impuestos.

Y como dice parte de la canción, que ha compuesto nuestro querido Daniel Golub integrante de Fuerza Mayor, y que se ha vuelto un himno como grupo:

“No somos invisibles, no somos descartables,

No somos prescindibles, tampoco indispensables,

No somos el pasado, ni somos el futuro

Somos este presente que nos pega tan duro.

 

Porque hoy estamos vivos igual que vos,

vení vamo a la murga juntos los dos,

Fuerza Mayor te canta hasta morir,

¡¡¡¡FUERZA MAYOR TE CANTA VAMO´ A VIVIR!!!!”

 

 Por Lukas Iván EsquiveL
Director del Proyecto Fuerza Mayor Círculo de
Tambores de Personas Mayores.

 

 

 

 

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