Un cafecito para la muerte, por favor

En cualquier cultura o espacio en el que se desarrolle un evento social siempre hay temas tabúes. Temas que existen, que están ahí… “latentes”, pero ninguno lo suficientemente masticado como para charlarlo de manera casual. La muerte y la vejez son dos de las integrantes estrellas de la lista negra de temas para conversar.

Carolina Mazzetti Latini, becaria doctoral del Conicet impulsa un trabajo muy interesante que tiene que ver con las percepciones del sentido de la finitud en las personas mayores. En este sentido, un buen día, me invitó a tomar un “Café de la muerte”. Emulando una experiencia sumamente exitosa puesta en marcha en Reino Unido, nos juntamos a hablar de algo tan pagano, diario, natural y humano como la muerte.

“La muerte forma parte de la vida, y sentarla a la mesa de un café nos ayuda a dar cuenta de que somos finitos”, esbozó cálidamente Caro.
No estuve sola, fuimos varias las personas que asistimos a la cita. Y si bien en Córdoba no hay un bar destinado específicamente a ello, por un par de horas, teñimos el espacio de aire londinense y junto al mejor de los “espressos” hablamos de la muerte. En otras partes del mundo, donde efectivamente existe un “Death Cafe” o “Café de la Muerte” el funcionamiento de la charla es sencillo: los participantes se reúnen por grupos y van contestando, uno por uno, en un ambiente distendido, las preguntas que figuran en la “carta del menú”. Ninguna respuesta es incorrecta y el debate obliga a reflexionar sobre aspectos todavía hoy considerados incómodos como, por ejemplo: ¿Tus familiares saben cómo quieres que sea tu funeral?, ¿qué es el suicidio?, ¿cómo te imaginas morir?, ¿qué deseas legar?, ¿qué es lo que más te aterra de la muerte?, etcétera. La segunda parte de la sesión consiste en compartir las opiniones con los participantes de los otros grupos.

Y así… entre risitas y miradas de desconcierto, incomodidad y algo de vergüenza empezamos a hablar de algo tan vital, humano y certero como lo es… LA MUERTE.
El objetivo de compartir esto con ustedes no es describir cada uno de los comentarios que fueron saliendo a borbotones en las dos horas de encuentro que por supuesto, fueron absolutamente insuficientes. Sino más bien poner en valor la experiencia.

“Estas reuniones buscan a educar y ayudar a otros a familiarizarnos con la vida. Recuperar la importancia de acercarnos como humanidad. La comunicación tiene una fuerte vocación existencial. Hablar sobre la muerte refuerza esa vocación. No tengamos miedo de hablar de la muerte porque siempre, siempre la muerte involucra la vida”, aseguró con plena convicción Carolina.

Porota, deja el café y coméntanos… para vos, ¿a dónde nos vamos cuando morimos?
Nos vamos adonde las almas que se aman se reencuentran. Elizabeth Kübler Ross en su libro “La rueda de la vida” dice algo hermoso: “Morir no es algo que haya que temer; puede ser la experiencia más maravillosa de la vida. Todo depende de cómo hemos vivido. La muerte es sólo una transición de esta vida a otra en la cual ya no hay dolor ni angustias. Todo es soportable cuando hay amor. Lo único que vive eternamente es el AMOR”.

Porota Vida

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07 Diciembre 2018