Regalos o carbones ¿Cuál es la Navidad que te habita?

La Navidad del año en el que murió mi hermano menor marcó mis festejos. Yo tenía tan solo nueve y no comprendí porqué el “Niño Jesús”me había fallado. Nadie me lo explicó, no hubo lugar para mis interrogantes. Nadie me nombró absolutamente nada, ni el dolor por la pérdida de mi hermano, ni las lágrimas e incluso el sentimiento de ser una “niña mala” por no haber obsequio alguno al pie del pesebre. Esa sensación de vacío llenó mis Navidades por muchos, muchos años. Y la heredaron mis hijos e hijas; hoy, con un poco de registro en mis manos intento modificarla para mis nietos y nietas. No me resulta sencillo porque esa sensación de vacío me visita cada tanto y mi niña aterrada aún intenta aferrarse al miedo de no haber recibido esa muñeca de porcelana con larga cabellera rubia.

 

En la casa de mi marido Pompeyo, las Navidades no se celebraron… ¡jamás! Y fue por eso quizá que, cada año, cerca de la fecha se enojaba tanto que terminaba yéndose a pescar solo. Nos resultó muy, muy difícil festejar en familia. Ahora a la distancia, comprendí porqué; sin registro de aquello que dolía de nuestra infancia, la niña y el niño aterrados renovaban sus miedos al punto de no poder ofrecerles nada amoroso a nuestros hijos e hijas.

Y así crecimos y sobrevivimos…a las Navidades.

El aire de diciembre

El aire está enrarecido, y ¡oh, casualidad! en nuestro país parece tornarse putrefacto en el abismo del fin de año. ¿Lo han notado? En general, nuestras crisis (sociales y políticas) son en diciembre. El mes de los balances, de los cierres. El mes que desnuda aquellos deseos incumplidos, esos sueños aún por soñar. Las reconciliaciones postergadas, los encuentros truncos, la vorágine arrasadora a la que le permitimos avasallar toda nuestra energía.

Nos cuesta balancear desde lo positivo, somos tan autoexigentes y voraces que nunca nos resulta suficiente. Y lo que verdaderamente vale la pena pasa desapercibido.

El lunes pasado, mientras las imágenes en los medios prologaban una jornada de zozobra, en Villa El Libertador, la Asociación Benjaminosnos regaló la posibilidad de hallar la contracara de la violencia: un centenar de niños, niñas y adolescentes de zonas urbanas atravesadas por la extrema vulnerabilidad social, ejecutando los más diversos instrumentos de una orquesta. Y a su lado, distintos grupos musicales, entre ellos mis amigos de Fuerza Mayor: grupo de percusión de personas mayores, dirigido por Lukas Esquivel.

Casi en paralelo, difundíamos desde las redes del CLUB DE LA POROTA, el incansable trabajo de alfabetizar a personas mayores impulsado por profesionales de la Municipalidad y la Provincia de Córdoba. La historia de Pedro Abaca (62) contagió hasta al más holgazán bajo la premisa de que nunca es tarde para aprender.

Los caminos son diversos y los vamos eligiendo en función de aquellos con lo que elegimos conectar. ¿Si me veré afectada?… ¡Pues, claro y mucho! Como cuando no recibí mi muñeca rubia de porcelana al pie del pesebre, en aquella Navidad de mis nueve.

Pero… hoy elijo que no me opaque mi Navidad, esa Navidad, ese renacer que me merezco y merecen mis hijos, hijas, nietos y nietas. Quizá no prepare el habitual pan dulce con frutos secos; haré un panettone. Quizá no vaya al gran centro comercial a comprar los regalos; los haré yo misma y se los compraré a algún emprendedor o emprendedora. Quizá no coma peceto, pero sí arrollado de pollo. Quizá no tomeespumante, pero brindaré con sidra. Quizá Santi y Cami no tengan todos los regalos que pidieron pero seguro que recibirán lo suficiente para disfrutar de las infinitas horas de juego tirados en la alfombra; la excusa perfecta para saberse tenidos en cuenta por Papá Noel, el Niño Dios, Jesús, Santa Claus o quien sea que colme esa ilusión tan trascendente en la vida de las personas. Y junto a ese regalo, la carta que ponga en valor sus tesoros más preciados, esa carta que hable de ellos, tan íntima que los haga sentir únicos e irrepetibles.

La guerra y la paz

Detrás de cada imagen, detrás de cada lucha, detrás de cada guerra… hay un sinfín de niños y niñas esperando un regalo en su árbol. Detrás de cada niño, niña, hay todo un país en juego. Detrás de cada niño, niña hay potenciales guerreros, guerreras; potenciales pacifistas, dialoguistas; autónomos o enojados adultos tratando de obtener algo más que un pedacito de carbón.

¿Y si por un momentopensamos en el encuentro del domingo próximo?, ¿en aquello que queremos gestar, dar a luz…? ¿Y si nos vamos predisponiendo?¿y si de repente… ¡sonreímos porque si!?, ¿Y si de repente dejo de lado aquello que me ofusca y me sumerjo en el mar de emociones que nos traen estas fechas dispuesto, dispuesta a transformarlas en regalos de Navidad? ¿De qué modo puedo regalarme y regalar una Navidad sin guerra?

No creo poder explicar porqué, pero siento que si de a poco soltamos la palabra que hiere, la voz que arenga, la luchas que solo encienden más luchas, la destrucción en cada gesto… el mundo y nuestros diciembres comenzarán a cambiar. De a poquito, despacio. Pero con el audaz intento de equilibrar la balanza.

Que en nuestro árbol no falte el regalo más difícil y esencial: la paz de sabernos suficientes; la paz de pensarnos imperfectos; la paz de saber que nunca es tarde; la paz de comprender que el perdón siempre llega en el momento justo; la paz de soltar lo que nos ata; la paz de sentir que no pasa nada, que diciembre es tan solo un mes más; la paz de sabernos encendidos, poderosos y genuinos cuando comprendemos que la guerra es tan solo el miedo paralizante de aquellos que actúanal extremo desde el enojo cuando no hay regalo bajo el árbol de Navidad.

Que lo que brote bajo las ramas de tu Navidad, sea fértil, fuerte y amoroso.

Para la guerra… NADA
Para la PAZ… TODO.

Porota

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Las ilustraciones del 2017

En la versión ilustrada de hoy, comparto algunas de las imágenes que acompañaron mis columnas a lo largo de este año. ¡Espero te gusten! Aprovecho la oportunidad para agradecer a quienes las dibujaron: Eduardo Hennings, Membri, Iván Ziga, Martín Eschoyez yCinwololo.