Quien cuida al que cuida

Mi amiga Raquel está desbordada. Desde que su papá se quebró la cadera su vida cambio rotundamente. ¡Con lo que le costó reordenarse tras la migración de sus hijos! Raquel tiene tres hermanos varones menores que ella y si bien entre los cuatro tratan de organizarse para cuidar a Ernesto, de 87 años, lo cierto es que la única jubilada y con mayor tiempo “disponible” es ella quien asumió la responsabilidad de atender a su papá sin chistar.

 

Me la crucé desalineada y con un gesto de “ya no doy más” elocuente. Por suerte pudo regalarme unos minutos, café de por medio, y tras conocer cómo se estaban configurando sus días me comprometí a ayudarla. ¡Tamaña tarea! Sobre todo para una generación de mujeres que, como nosotras, hemos sido entrenadas para cuidar y no para auto cuidarnos; fundamental en personas que cuidan.

 

Ser responsables de la atención de una persona mayor, cuando una también lo es, requiere de un despliegue enorme de energía. Recuperar esa energía resulta vital para no lesionar la afectividad, para no desear que esa persona querida (a la que muchas veces desconocemos) se transforme en el personaje aterrador que se cuela en pesadillas. El amor es lo último de debemos resignar. Pero claro, es sencillo decirlo.

 

“Ernesto no quiere comer. Ernesto no se quiere levantar de la cama. Ernesto se enoja cuando tiene que ir a rehabilitación, cuando tiene que caminar o bañarse. Las personas que contratamos no duran más de una semana. Las maltrata y se terminan yendo. ¡Ya no sé qué hacer!” esbozó preocupada mi querida amiga. “Hay días en los que se pierde; pregunta por su mamá o me confunde con mi madre. La verdad Porota, estoy devastada. Sufro de insomnio. Las piernas no me responden y mi cabeza está a punto de estallar.”

 

Supongo que en estos casos, lo que jamás debemos hacer es aislarnos. Conservar el círculo de amistades es trascendental para hallar en ellas esa fuerza que se agota rápidamente. Gracias a mi red de wasap y a mis nuevos amigos y amigas vinculadas al mundo de la gerontología hallé unas publicaciones valiosísimas de la Fundación española “Pilares” para la Autonomía Personal. Entre ellas, destaco la que versa en torno al tema: “Cuidar, cuidarse y sentirse bien”. En la ocasión, comparto algunas recomendaciones que ya estamos comenzando a implementar junto a Raquel:

 

Cuidar bien es algo posible y gratificante siempre y cuando no descuidemos el cuidado personal. Para ello es imprescindible estar atentos a las señales de alerta, mantener hábitos saludables, prevenir los riesgos y lesiones, cuidar el bienestar emocional a través de la preservación del tiempo propio y las actividades gratificantes. Planificar el futuro resulta imperante para poder ordenar el día e incluir en la rutina tareas y actividades que nos hagan bien. Debemos compartir los cuidados, establecer acuerdos con el resto de los involucrados y aprender a pedir ayuda a la familia o amigos. Utilizar los recursos disponibles y los comunitarios próximos así como los virtuales también puede ser útil al momento de tener que reordenar nuestra vida. Cuidar a quienes nos cuidan, cuidarnos cuando cuidamos resulta extremadamente importante en un mundo que cada vez más albergará personas longevas; viejos y viejas. Logramos vivir más… ¡pues entonces! abracemos el envejecimiento y tomemos conciencia de todo lo que ello conlleva.

 

Porota

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