“No me preparé para envejecer, estoy aprendiendo día a día”

“No me preparé para envejecer, estoy aprendiendo día a día”

Ana María es una vieja integrante del Club de la Porota, incondicional, dispuesta, vital y generosa. Nos conocimos en días pre-pandémicos cuando compartimos inolvidables encuentros junto al Ensamble Creativo de Personas Mayores del Museo “Evita” Palacio Ferreyra de Córdoba. En esta 32° voz mayor, Ana nos regala retazos de su intensa y dinámica vida, en especial de su presente, que le encuentra descubriendo la vejez. 


“No me preparé para envejecer, estoy aprendiendo día a día”

Tengo un nombre largo que no me gusta decir. En uno de mis trabajos me apodaron “Anita” o “Anita Cardozo”, lo adopté porque no me gustaba llamarme “Ana”.  Nací por casualidad en Santiago del Estero, a mitad de camino de un viaje de mispadres a Buenos Aires, el 16 de enero de 1951. Viví en Buenos Aires, Tucumán, Salta. Viajamos mucho por el trabajo de mi padre.

Llegué desde Salta a Córdoba para estudiar.  Después de sortear inconvenientes con mi título de Técnica Contable, logré entrar a la Facultad de periodismo. Cuidaba niños para cubrir mis gastos. Había venido con una familia salteña que me contuvo y me cuidó. Con ellos conocí Brasil… ¡Yo sólo deseaba terminar de estudiar para quedarme en Río de Janeiro!

En el segundo año de la facultad busqué otro trabajo, me llamaron de una agencia de publicidad. Ingresé como redactora, luego como ayudante de arte, y finalmente, planificando medios.  Se me hacía pesado ir a la facultad, ¡no sé cómo llegué a segundo año!  La tarea de los medios me daba muchas satisfacciones. Hice cursos de medición de audiencias en Buenos Aires y logré ser jefa de medios. Me entregué al trabajo, al poco tiempo me casé, tuve tres hijos: dos varones y una nena. 

Mi vida cambió totalmente, me esforzaba por seguir yendo a clases, hice cursos de marketing, inglés, portugués, trabajaba con mucha pasión y entrega. Viajamos en familia de vacaciones de invierno y verano. La facultad me cansó y dejé de asistir pensando en poder rendir exámenes. Lejos quedó mi viaje a Brasil, a los chicos no les gustaba y no querían dejar a sus amigos. Tuve excelentes compañeros de trabajo, hoy son grandes amigos. Me cambié de agencia tres veces para mejorar mis ingresos.  

Un día quise probar independizarme, puse mi propia agencia pero, los tiempos políticos económicos no me acompañaron. Me ofrecieron trabajar en una radio importante, acepté el reto. Estuve ocho años y luego retomé en otra agencia.  Los últimos diez años de actividad gerencié una radio FM y vendí publicidad. Mis hijos ya crecidos empezaron a irse. Mi hija me hizo abuela tempranamente, ¡los varones ni quieren saber de eso! Ellos tienen una banda de rock y trabajan.

Nunca pensé en mi vejez. Empecé a vincularme con gente de mi edad cuando me jubilé, yo misma la tramité. Jubilarme fue celebrado por mi familia. Seguí trabajando casi ocho años más hasta que decidí hacer del 2019 un parate sabático, viajé con mi nieta mayor y disfruté de los míos. Había planificado en este 2020 varios emprendimientos donde participarían mi familia y amigos. Con la pandemia quedó todo “en veremos”.  Al principio, cuando supe del virus no le presté atención, todo sucedía tan lejos… ¡China! Pensé en por qué pasan las desgracias allá tan lejos. Hubo días en los que me parecía un sueño. No tuve miedo, me cuidé y me cuido. No puedo ver a mis nietos porque están en un pueblo cerca de Alta Gracia, a 30 km de Córdoba. Estoy socializando gracias a la tecnología. Hablo horas por teléfono, ¡a veces lo odio! 

Me queda de esta pandemia la deshumanización para los que murieron solos, sin sus afectos. Creo que el distanciamiento social había empezado hace tiempo. Todos estábamos ocupados, nos visitabamos, con mis amigos, solo para los cumpleaños. Se cortaron las salidas, los festejos, las compras. 

Mi lugar favorito de la casa es el patio, donde tengo un jardín. En días cálidos es allí donde tomo el té de la tarde. Escucho música, bailo, practico yoga, canto, a veces intento tocar la guitarra. No me preparé para envejecer, estoy aprendiendo día a día. Espero que pase la pandemia para retomar mis actividades y seguir haciendo lo que me gusta: ocuparme de mis nietos. Agradezco siempre mi día a día, a mi familia, mis amigos, deseo ese reencuentro pronto…

Ani Cardozo (69)

Córdoba