La vejez y el sentido vital

La vejez y el sentido vital

Por Sol Rodríguez Maiztegui*

La pandemia nos mostró muchas situaciones viejistas**. Los medios de comunicación han sido quienes mejor han expresado la discriminación de personas por razones de edad y condición de viejo o vieja. A modo de ejemplo transcribo algunos de los innumerables títulos en los que las personas mayores adquirieron relevancia en función de un rol que no necesariamente es parte de la información que se describe. Esas expresiones son el reflejo de cómo socialmente entendemos y vemos a la vejez y a sus representantes: “Importante ayuda para los abuelos ante el COVID”, “Pautas para tratar de los abuelos en aislamiento”, “El drama de los abuelos que no pueden ver a sus nietos”. 

A simple vista el abuelazgo es sinónimo de vejez, adulto o adulta mayor, persona mayor, etc. aún cuando lo que connota ignora, sin pruritos, la condición de persona. 

Días atrás un importante medio de comunicación nacional expresó lo siguiente en la bajada de una noticia sobre un hombre de 104 años que había presentado su tesis doctoral en la Universidad de Manchester: “´Nunca es tarde´ es uno de los lemas vitales más repetidos pero que cuesta aplicar. Cuando llegás a cierta edad da pereza o faltan fuerzas para empezar algo de nuevo. Este no es el caso de Lucio Chiquito Caicedo, un abuelo colombiano de 104 años que recién terminó su tesis doctoral después de 30 años de haberla empezado«. 

Quien redactó la nota no solo utiliza la palabra “abuelo” para aludir al también ingeniero sino que da por sentado que él es una excepción a una supuesta regla ya que no es “perezoso” o le “faltan fuerzas para empezar algo nuevo”. 

Lo que acabo de explicar sucede permanentemente. No son furcios esporádicos o afirmaciones aisladas sino más bien algunas creencias viejistas arraigadas en el inconsciente colectivo. Tras hallar innumerables casos similares a los que detallé me pregunto: ¿qué es “eso” que nos impide pensar a la vejez como parte del curso natural de la vida de una persona?; ¿por qué nos cuesta tanto pensarnos envejecientes, proyectarnos personas mayores? 

Mucho de lo que la psicogerontología ha escrito y estudiado respecto del proceso de envejecimiento asume que no hay vida sin proyectos. Proyectar… es vivir. Si no hay proyectos -no importa de qué tamaño, valor o peso- la vida pierde sentido. ¿Por qué suponemos que en la vejez los proyectos se abandonan?, ¿las ganas de vivir y trascender se diluyen?. ¿Por qué damos por sentado que la vejez adquiere relevancia solo si se la asocia al abuelazgo o a roles como el de jubilado o  jubilada? 

En el libro “El hombre en busca de sentido” Víctor Frankl, reconocido psiquiatra de la Universidad de Viena, sobreviviente de campos de concentración nazis y creador de la Logoterapia explica la base de su teoría citando a Nietzsche: “El que tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”. Y agrega: “yo afirmo que nosotros no inventamos el sentido de nuestra vida, nosotros lo descubrimos”. La vida tiene un sentido que a lo largo de todo su recorrido está allí a la espera de ser descubierto. En esa búsqueda brotan los “porqués”. ¿Por qué no desterrarnos de nuestros prejuicios y estereotipos más atroces respecto de la vejez?; ¿tanto nos cuesta apreciar el paso del tiempo en la imagen que nos devuelve el espejo?. 

Quizás, aceptar el proceso de envejecimiento (personal, único e intransferible) como parte inherente del recorrido vital sea parte del sentido. A lo mejor así dejamos de mirar la vejez ajena como una amenaza permanente, como una etapa desempoderada y vacía de belleza. 

¡Nunca mejor dicho, Víctor! Desenfoquemos y miremos una vez más: “Cuando se acepta a la persona (y yo le agrego: a las personas sin distinción de edad) como un ser irrepetible, insustituible, entonces surge en toda su trascendencia la responsabilidad que asume ante el sentido de su existencia. Una persona consciente de su responsabilidad conoce el porqué de su vida y será capaz de soportar cualquier cómo”. Para muchos ese “cómo” es la vejez. Podemos discutirlo. Lo cierto es que hasta el día de nuestra muerte, el sentido de nuestra vida está allí, deseoso de ser descubierto, abrazado, vivido, deseado, disfrutado y la edad no es una condicionante para ello.  

*Licenciada en Comunicación Social y gerontóloga. 

**Viejismo: Definido como el conjunto de prejuicios, estereotipos y discriminaciones que se aplican a las personas mayores exclusivamente en función de su edad, el viejismo (ageism) fue desarrollado inicialmente por Robert Butler en la década de 1970.