La vejez es femenina, bella y poderosa ¿miedo tal vez?

Si bien fue una rimbombante noticia en su momento, lo cierto es que la diferencia de edad entre Brigitte Macron (66) y su esposo, el presidente de Francia, Emmanuel Macron (42) es un tema que no pasa de moda. Ella le lleva veinticinco años, y su condición de mujer mayor ha sido -quizá- la mayor crítica del mundo edadista o viejista*, el que la ha tildado de “fea”, “vieja” y “envidiosa de la belleza ajena”. 

 

Sin embargo, poco se ha dicho cuando la diferencia es a la inversa. Nuestro actual presidente, Alberto Fernández (60), está en pareja con Fabiola Yáñez (38), veintidós años menor. El ex presidente Mauricio Macri (61) está casado con Juliana Awada (45), dieciséis años menor. El presidente brasileño Jair Bolsonaro (64), quien tuvo comentarios edadistas hacia Brigitte, está casado con Michelle Bolsonaro (37), veintisiete años menor. Donald Trump (73), otro presidente viejista, está en pareja con Melania Trump (49) veinticuatro años menor. 

 

Googleando a mano alzada, poco dicen los medios de comunicación de las diferencias de edad cuando el hombre es mayor que la mujer. En general, cuando de primeras damas se trata,  lo que más se destacan son sus outfits de moda, de sus tareas de beneficencia vinculadas siempre al cuidado de los sectores más vulnerados, y de su sonrisa, pose o lugar en la foto junto al hombre. El  estereotipo está bien definido: delgadas, elegantes, sin arrugas ni canas. 

 

Gerontofobia 

El libro “La gerontología será feminista” (Danel, Navarro 2019) es una compilación de investigaciones en las que se pone en relieve el miedo al envejecimiento, en especial de las mujeres: “los artículos compilados versan sobre la heterosexualidad reproductiva como hegemónica que moldea los cuerpos y los derechos”. 

 

Tenemos miedo. Estamos atravesados por una gran paradoja: queremos vivir más, pero no queremos envejecer. En este contexto, mujeres (y hombres) la tenemos difícil. El patrón normativo en la cultura que nos atraviesa, según lo esboza José Yuni en el prólogo del libro es: “heterosexual, joven, vigoroso y potente que opera como criterio estructurante, ordenador y jerarquizador de masculinidades, feminidades y otras experiencias identitarias”. 

 

Brigitte Macron sale del estereotipo. Nos obliga a repensar el rol de las mujeres mayores, sus lugares y potentes revoluciones, o a negar de cuajo la realidad yuxtapuesta con la fobia a envejecer, conocida como gerontofobia. El presidente y la primera dama francesa, son valientes, son de vanguardia. Intuyo que no deben ser indiferentes a la mirada punzante y prejuiciosa. Sin embargo, ambos por igual, dejan en claro que la diferencia de edad les resulta algo indistinto, como naturalmente lo son las de Fernández y Yañez; Macri y Awada; Bolsonaro y Michelle; Trump y Melania. 

 

Anna Freixas, una eximia investigadora catalana, psicóloga feminista especialista en temáticas del envejecimiento esboza en su libro “Sin reglas, erótica y libertad femenina en la madurez” que “la sexualidad ha sido con frecuencia sinónimo de apariencia juvenil, cuerpo sexy y líbido a raudales, por lo tanto resulta difícil asimilar que las y los mayores también ´funcionan´y que más del 50% de las personas de más de cincuenta años son activas sexualmente, así como el 25% de las que se sitúan entre los setenta y ochenta y cinco años”. 

 

Algunas preguntas 

¿Qué miedo nos invade cuando pensamos a Brigitte como una mujer activa sexualmente, con voz en un espacio de poder y enamorada de un varón menor? 

¿Cuáles son los prejuicios implícitos en la naturalización de los vínculos entre varones mayores y mujeres jóvenes en contraposición con aquellos que lejos de ser aceptados nos generan rechazo y asco? 

¿Qué modelos de vejeces estamos diseñando para las generaciones que podrán proyectarse centenarias? 

¿A qué estereotipos de belleza estamos apelando cuando entendemos a la vejez como sinónimo de fealdad y a la juventud como la edad de la hermosura? 

¿Qué modelos de mujeres mayores estamos gestando con el propósito de instar -a una de las minorías más potentes y en permanente crecimiento- a que se empoderen y participen?

¿Qué negamos cuando horrorizados juzgamos vínculos como el de la pareja presidencial de Francia? 

 

Brigitte es un modelo positivo de envejecimiento activo. Brigitte somos todas. Nos represente o no. En ella subyace la verdad que late bajo la alfombra: la edad no es una limitante para amar en el más amplio de los sentidos. Es hora de empezar a hablar de estos temas. A días del 8 de marzo vale aclarar: La vejez es femenina**. 

 

#Licenciada en Comunicación. Periodista especialista en gerontología 

 

*Viejismo: Término acuñado por Robert Butler (1968) para designar la estereotipificación y discriminación contra personas o colectivos por motivo de edad. Engloba una serie de creencias, normas y valores que justifican la discriminación de las personas según su edad.

 

**La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) indica que, en Argentina, la esperanza de vida al nacer para las mujeres ronda los 80 años; y para los hombres, los 73. Si se observa la esperanza de vida a los 60 años: una mujer tiene por delante 23 años; un hombre, 18.

 

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