La diversidad del encuentro

La diversidad del encuentro

¡Quién diría que ya casi termina este 2020! Un año inolvidable, sin dudas. Nos atravesó una experiencia diferente, desconocida, inimaginada. El 2020 nos invitó a  reacomodarnos, a readaptarnos, a reaprender. Personalmente, le estoy muy agradecida. Le agradezco haberme ayudado a conectar conmigo, con mis miedos, con mis enojos, con mi tristeza. Fueron estas emociones las que me permitieron reinventarme. Y fue así como desde este espacio, que hace tiempo he gestado con muchas personas (entre las que estás vos) pudimos hallar nuevos modos de estar y de ser. 

Fue shockeante sentirme parte del “grupo de riesgo”. Aún sigo interpelada por el modo en que muchos medios de comunicación y personas trataron -o destrataron- a las personas mayores. Fuimos protagonistas permanentes en los títulos, y si bien, con este boom de la vejez, emergieron las representaciones y los estereotipos viejistas, edadistas o gerontofóbicos, lo cierto es que, también sucedió lo impensado: apareció el colectivo de personas +60. La pandemia nos ayudó a dar cuenta de nuestro propio proceso de envejecimiento, a conectar con el presente y la edad que nos habita, sin actitudes “escapistas”. Es así que hoy muchos de nosotros, con pesar o sin él podemos decir: “Soy una persona mayor”. 

Desde hace días me pregunto: ¿Cómo era antes de marzo de 2020?, ¿de qué me ocupaba?, ¿cómo me vinculaba con los demás?, ¿qué hacía?, ¿cuáles eran mis miedos? Estoy segura que ya no soy esa mujer pre – pandémica. Estoy segura que he cambiado. Ya no corro para demostrar a los demás de lo que soy capaz. Ya no lleno mi agenda de actividades físicas o mentales. Ya no llamo a mis amigas de la soledad para sentirme acompañada. Ya no atiendo a mi casa con desgano. Ya no me quejo de lo que dicen de mí, de nosotros, de los viejos, de las viejas. Ya no empuño bandera alguna en pro o en contra de… Acepto, acepto, acepto lo que cada día tiene para ofrecer. 

Me quedé en casa. Nos quedamos en casa. 

Y… desde casa pudimos abrir “El Club de la Porota” a otras personas. Gracias al trabajo amoroso que emprendimos junto a la Fundación Navarro Viola nació “VOCES MAYORES”*, una iniciativa que tuvo como propósito espiar de qué modo las personas mayores estábamos atravesando el aislamiento ¡Fue maravilloso poder mostrarle al mundo cuán potentes podemos ser!, ¡cuán resilientes y reflexivas! Y así… nos conocimos, nos vimos reflejados, nos identificamos con otras historias, con otras realidades, con otras formas de vivir y habitar la cotidianeidad. Dimos cuenta de la diversidad, de la heterogeneidad de realidades y nos acompañamos. 

Esta es la última edición de El Club de la Porota del 2020. Por ello elegimos despedirnos compartiendo las voces de muchas personas que como vos, como yo hicimos lo imposible para cuidarnos y cuidar. En este sentido, retomo parte de una nota que escribieron dos amigos y periodistas gerontológicos para ALGEC**, Mariana Rodríguez y Esteban Franchello. A propósito del 1 de octubre, Día Internacional de las Personas Mayores, ellos escriben: 

“Tal como lo expresa el filósofo alemán, Ernst Broch: ´La fraternidad es el afecto de la unión con el mismo fin, es reconocer que todo lo que hace nuestro valor y el de los demás proviene del fin común´. Este valor colectivo es el que inspira a seguir resistiendo contra un fenómeno global que tomó por asalto la vida y en particular la de este grupo poblacional. #Quedateencasa se trata, ni más ni menos, del enorme aporte que las personas mayores ponen en juego para poder cuidarse y cuidar a sus comunidades. No lo minimicemos, no lo invisibilicemos, no lo olvidemos. Más bien, valoremos esta acción que nos convoca de una manera nueva, imprevisible e inimaginable a experimentar la fraternidad intergeneracional”. 

Las fraternas Voces Mayores 

Iris Ada Quiero (63): “Vivo intensamente el presente y aguardo con esperanza y alegría el reencuentro con la cotidianeidad que tenía meses atrás”

Ani Cardoso (69): “Mi lugar favorito de la casa es el patio. En días cálidos es allí donde tomo el té de la tarde. Escucho música, bailo, practico yoga, canto, a veces intento tocar la guitarra. No me preparé para envejecer, estoy aprendiendo día a día. Espero que pase la pandemia para retomar mis actividades y seguir haciendo lo que me gusta: ocuparme de mis nietos”.

Eduardo Mibelli (63): «Estoy buscando el equilibrio entre lo que fue y lo que puede venir. Sin duda, la apuesta  mayor por todo lo vivido en estos últimos años, y con la convicción de que el amor es el mejor motivador. Es lo que más necesitamos en estos momentos»

Susana David (62): “Volverán los abrazos, las caricias, las reuniones, las charlas y los te quiero tomados de las manos. Todo eso que hoy nos dimos cuenta que tiene mucha más importancia que las corridas y el estrés por ganar más, ser mejor que el otro, creyendo que eso nos hace mejores personas”.

Norma Nélida Beltramin (97): “A veces pienso que la vida – que me quitó muchas cosas – me da la oportunidad de seguir andando un tiempo más para hacer tantas cosas que antes no pude por diversos motivos. Se trata de una oportunidad que quiero aprovechar”.

Carlos Martin Mardon (63): “Han pasado muchos años y hoy nos toca vivir este encierro y ausencia de los abrazos que ni el más audaz osó imaginar, sin embargo, por esos sueños que persistentes golpean en el alma negándose a ser derrotados, aferrados aún a la mano tibia del abuelo, nos hace esbozar una sonrisa y encarar con optimismo el día, a la espera de todos los abrazos. Mientras tanto, todas las mañanas al lavarme la cara, en el  rostro de un hombre adulto que me mira desde el espejo, un niño me dice ¡que aún vale la pena!”.

Graciela de la Lastra (77): “Me he dado cuenta que tengo mucha fortaleza. Disfruto inmensamente la vida. La pandemia no me ha deprimido. Me cuido lo suficiente. Sin traumas. Pero añoro el contacto directo con mis afectos, el abrazo que cura, la caricia que consuela, la charla cara a cara. Agradezco cada día estar viva a pesar de las nanas propias de la edad”. 

Omar Morosi (70): “¿La vejez? Es parte de lo mismo, llega de a poco y casi no se nota, salvo un poco en el cuerpo. Toda una experiencia poder vivir y convivir con ella lo más naturalmente posible. Aprovechar sus ventajas y enfrentar sus problemas. Aún en la Pandemia, y también cuando termine, pienso seguir en el camino que se hace al andar – muy sabio Machado- por el tiempo que me quede y mientras el cuerpo aguante. Cuando no se pueda más, recordaré cada curva de la ruta y diré como Neruda: ´Confieso que he vivido´”.

Muchos más testimonios como estos refuerzan la idea del cuidado intergeneracional y transversal que no entiende de edades sino más bien de solidaridades, fraternidades. De la posibilidad de gestar en comunidad nuevos modos de entender la vida. Deseo que estas fiestas te encuentren en paz. Deseo que te sientas lo suficientemente valioso, valiosa. Deseo que puedas celebrar en la intimidad de tu casa, no importa tanto con cuántos o quiénes, sino que el amor llegue. Lejos, cerca… estamos y seguiremos envejeciendo en manada, en red. 

Nos seguimos encontrando. ¡FELICIDADES! 

Porota. 

Gracias a todas las personas e instituciones que este año nos han acompañado y apoyado. En especial a las personas que se animaron a enviar canciones, cuentos y relatos, así como a la FNV y a la Secretaría de Extensión de la UTN Córdoba (junto a quienes organizamos el ciclo de charlas para “Pensar las Vejeces sin Estereotipos”) y por supuesto a este gran medio gráfico; el Hoy Día Córdoba por confiar en nuestras propuestas.

* VOCES MAYORES es una iniciativa de la Funadación Navarro Viola(FNV) y del Club de la Porota. Disfrutá de todas las historias, relatos, videos y audios que nos han llegado para compartir este y el año próximo en www.pororavida.com. En Facebook, Instagram, YouTube y Spotify como @porotavida.

**ALGEC: Asociación Latinoamericana de Gerontología Comunitaria. 

 

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