Tras escuchar al Dr. en Psicología y profesor de la Universidad de Barcelona, Feliciano Villar el lunes pasado en Radio Nacional, en el marco de una actividad organizada por Cepram (Centro de Promoción del Adulto Mayor), me puse a pensar algo un poco gracioso y real: cuán fácil y frecuente es identificarnos con «estereotipos negativos» para potenciar nuestras competencias, habilidades o destrezas ¿no? O dicho de otro modo… ¡qué fácil es compararnos con los demás desde lo que le falta al otro! en vez de evitar las comparaciones y aceptarnos. A ver si con ejemplos es más fácil:

 

«Por lo menos yo puedo seguir caminando sola. No como Doña Fermina que tenemos la misma edad y ya usa andador»;

«¡AY! qué suerte que todavía no me llegó la hora de tomar la pastillita para el corazón»;

«En fin… yo voy a gimnasia, camino tres veces por semana 30 cuadras y como sano. Se nota ¿eh? mirala a mi vecina, con la misma edad y con una prótesis de cadera que la tiene loca de dolor»;

«¡Je! mirá que todos son míos ¿eh? ¡Dentadura jamás!»;

«La hipertensión no me va a ganar, por lo menos lo mío no es tan grave. Prefiero cuidarme de la sal y no tener que depender de un bastón»;

«¡AY! qué viejo que está Raúl, y pensar que fuimos compañeros de la escuela. Parezco 10 años menor»;

«¡Viste que arrugada que está Nancy! Se mató al sol toda su vida riéndose de mi blancura. Menos mal que ahora la que no está arrugada soy yo».

Y así podría seguir enumerando expresiones más que frecuentes en las personas viejas como yo. Expresiones que tienen que ver con los modos con que vamos percibiendo el proceso de envejecimiento; un proceso que nos resulta más sencillo mirar en los otros. Y quizá, hasta lo percibimos sólo en los demás. Mirarnos al espejo y apreciarlo en nuestro propio cuerpo, espíritu y psiquis es mucho más difícil. Definimos la vejez, en general, en función de lo que no somos y de lo que creemos que el otro sí es. Viejo o vieja es el otro o la otra. Para las personas de 20 las viejas son los de 40; para las de 40 las viejas son los de 60 y para los de 60 las viejas son las de 80 y así…

 

¡Qué desafío para quienes vienen detrás resignificar positivamente el proceso de envejecimiento! y no me refiero a «positivamente» desde un punto de vista ingenuo sino desde una mirada más real de una etapa por la que algunas personas tendrán la suerte de transitar.

 

Hace poco vi escrita una frase que me hizo pensar mucho. La frase es del biólogo y filósofo chileno, Humberto Maturana y dice así: “Sin aceptación y respeto por sí mismo uno no puede aceptar y respetar al otro, y sin aceptar al otro como un legítimo otro en la convivencia, no hay fenómeno social”. Con la impunidad que me caracteriza me animo a aseverar que en la identificación por oposición hacia los demás, de algún modo estoy negando mi envejecimiento, estoy negando el paso del tiempo y ante esa actitud, evitando abrazar mis canas, mis arrugas, mi pisada pausada y un poco inestable, y ese rostro que ha mutado, y ese cuerpo que ha cambiado, pero… que me trajo hasta aquí y me sigue regalando la posibilidad de vivir. ¿Con achaques? ¡sí! pero ¡viva!

 

Ya es tarde para anhelar volver el tiempo atrás y disfrutar de la edad que tuvimos (porque cuando la tuvimos se nos fue de las manos). Pero no es tarde para comenzar de una vez por todas a apreciarnos más. Ya no en función de lo que no soy o sea en oposición a otra persona, sino en función de lo que sí soy: canosa, arrugada, un poco encorvada, rolliza, apasionada, soñadora, emprendedora, valiente, nostálgica y feliz. He aquí mi verdadera contribución al «fenómeno social».

 

Porota.

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Aprovecho este espacio de cada viernes para felicitar al Hoy Día Córdoba, por su proceso de envejecimiento ¡Por su cumpleaños número 20! Y agradecer a todos los que diariamente consolidan y nutren este hermoso medio de comunicación cordobés por haberle abierto las puertas a mis confesiones, experiencias y pensamientos, sin pruritos y prejuicios; más bien dispuestos a darle una voz genuina a quienes decidimos abrazar la edad. ¡GRACIAS! ¡FELIZ ANIVERSARIO!