El resto ya se va a acomodar

Los invitamos a conocer a  Mariana Riquelme de Chaco. En la crónica de hoy repasa sus años de infancia e intensa vida como madre, esposa, docente y empleada administrativa de la legislatura chaqueña, trabajo en el que aún se mantiene. A la vez, combina relatos de sus días en aislamiento junto a su nieta Lisa, de sólo 6 años. Su voz nos invita a viajar en el tiempo, a conectar con su presente y a valorar la simpleza de la vida. ¿La disfrutamos juntos?

 

 

El resto ya se va a acomodar 

 

Soy Mariana Riquelme. Tengo 61 años. Nací en una colonia llamada Puerta Misión ubicada en el departamento Laishí, de la provincia de Formosa. Allí viví hasta los 10 años. Asistí a una escuela rural hasta 4to. grado. Mis padres tuvieron doce hijos. Pasamos por muchas crisis económicas. No nos alcanzaba para vivir. Fue por eso que nos mudamos a otro pueblo formoseño llamado Misión San Francisco de Laishí. Allí estuve hasta los 18 años donde me recibí de bachiller. En pleno proceso militar me inscribí en la Universidad Nacional del Nordeste ubicada en nuestro litoral e hice el profesorado para nivel medio de historia, geografía, formación moral y cívica. Fueron años duros y muy peligrosos, ya que todo estudiante era considerado una amenaza para los militares y nos perseguían en cada esquina. En 1985 me gradué como profesora y ese mismo año ingresé como empleada administrativa en la Cámara de Diputados de Chaco. Aún soy empleada legislativa. Espero poder iniciar mi trámite de jubilación una vez que termine esta pandemia. 

 

Mi hija fue mamá muy joven y fue por eso que asumí la crianza de mi nieta Lisa que hoy tiene 6 años. Actualmente y como consecuencia de la pandemia quedamos todos aislados: mi esposo cuida de su madre de 83 años en la provincia de Formosa, uno de mis hijos vive y estudia en la provincia de Corrientes, el mayor está en La Plata junto a su familia y mi hija mujer, estudia y vive sola en Resistencia. 

 

Mi nieta y yo estamos también en Resistencia, Chaco. La pandemia nos golpeó fuerte. Las primeras noches me costó mucho conciliar el sueño. Me aferraba a mi nieta. Sentí que debía hacer algo. 

 

Antes de la pandemia, Lisa y yo teníamos un intenso ritmo de vida entre la casa, las tareas, la escuela, mi trabajo y mis prácticas de bailes folclóricos. De repente no pudimos salir ni a la vereda. Pues entonces, me organicé y comencé a generar algo distinto. Armé una huerta. Tenía un poco de espacio en el fondo de mi casa. Me arreglé con lo que tenía. Di vuelta la tierra, armé los canteros y puse semillas que obtuve gracias a los envíos domiciliarios. Como resultado hoy tengo plantas de perejil, cebolla, rúcula, zapallo, papas, lechuga, tomate y acelga. Siempre estoy acompañada por mi nieta. 

 

Por la mañana luego del desayuno, limpiamos el patio. Tengo cuatro perras que nos dan mucho trabajo. Luego hacemos la tarea, Lisa está en primer grado. Yo practico gimnasia, por medio de un link, con un grupo de personas mayores. Tras almorzar, descansamos una hora y luego nos ocupamos de la huerta. Merendamos juntas alrededor de las 17:30. El mate de “La Abu” es un clásico. Repasamos números y lecturas, nos damos un baño, cenamos y a dormir. 

 

No les conté que también trabajé como docente en una escuela pública de Chaco. De esa tarea ya estoy jubilada. Fui maestra durante 29 años. Tuve dos trabajos y sostuve una familia, un esposo, tres hijos y muchos compromisos sociales. ¿Cómo lo hacía? No sé. Pero me ocupaba de todo. Eso hizo que una larga etapa de mi vida pasara sin darme cuenta. Siento que no viví para mí. Pero llegué y continúo. Tengo una vida bendecida. Sólo quiero darle gracias a Dios. Hoy estoy mucho más relajada y feliz. El resto ya se va a acomodar. 

 

María Riquelme 
61 años
Resistencia, Chaco