El desafío de pensarnos envejecientes

Por Sol Rodríguez Maiztegui*

 

Tenía apenas cinco años de vida este diario cuando en Madrid se llevó a cabo la 2º Asamblea internacional sobre el plan del envejecimiento activo. La primera había tenido lugar en Viena en 1982. Ambas, fueron el preludio necesario para que hoy los Estados miembros de la OEA cuenten con la Convención Interamericana sobre la protección de los derechos humanos de las personas mayores. La convención se aprobó en 2015 y el pasado 31 de mayo Argentina adhirió a este documento a través de la ley 27. 360. Dicho esto considero que Córdoba tiene un gran desafío por delante ya que en los últimos 100 años, el panorama demográfico se ha transformado. Según el informe temático del Censo 2010 (estadística.cba.gov.ar) se espera que para 2040 la población envejecida de nuestra provincia alcance el 21 por ciento. Los números y fechas quizá aburran, sin embargo reflejan una realidad imposible de ignorar: envejecemos, cada vez más, y junto a este proceso inherente a la vida, será imprescindible otorgarle a la vejez un espacio de relevancia en la agenda pública. Córdoba aún no cuenta con un plan de envejecimiento integral, con una política que contemple la diversidad de la temática.

 

Que hoy exista una Convención denota cuan estigmatizada y relegada se halla una etapa estratégica de la vida de las personas. Y sobre todo, desnuda el mal trato y desdibujamiento de los adultos mayores en una cultura que mide su valor en función del nivel de producción. El envejecimiento es parte inherente de la vida. Con lo cual, este no es un tema solo de viejos. Pensarme como una persona envejeciente me ayudará a desarrollar mi capacidad empática y a comprender que todo aquello que hago, pienso y digo sobre la vejez en algún momento, si tengo suerte de vivir para contarlo, también me sucederá a mí. Ante todos estos hechos es evidente que necesitamos sentarnos a debatir sobre el lugar que ocupa el envejecimiento poblacional. Percibo que no falta mucho. Por suerte, en nuestra provincia hay muchas personas formadas, especializadas en la temática y ávidas de comenzar a trabajar en equipo, deseosas de edificar un nuevo modo de abrazar la edad.

 

¿Qué tipo de sociedad quiero pensar para los próximos años?;¿la prolongación de la expectativa de vida, es un acierto de la evolución de la medicina o un defecto del sistema?; ¿que la población, sea una población envejecida, es una ventaja o un gran obstáculo para el desarrollo de los países?; ¿es verdad que queremos vivir más o en realidad el miedo que subyace es el miedo a la muerte, el que nos confronta con uno mayor: el miedo a envejecer?; ¿queremos sobrevivir a la vejez o vivir este ciclo vital de manera digna y activa?; ¿el paradigma del viejo como objeto de intervención seguirá rigiendo el modo de entender la vida, o deberemos virar hacia una concepción más humana, amorosa, transgeneracional y de cuidados?; ¿las personas envejecientes primero son viejas y luego personas?; ¿qué rol ocupará el estado ante las personas viejas y pobres?; ¿qué modelo de política deseamos impulsar para acompañar los diferentes estadios de envejecimiento?.

 

Para desprejuiciar una cultura de la mirada sesgada y «viejista» primero hemos trabajar con las nociones de vejez que nos habitan y que inconscientemente reproducimos. Para desmitificar el envejecimiento, en una cultura que venera e idealiza la juventud, primero hemos de preguntarnos, que imagen de ser humano estamos proyectando con nuestras acciones, omisiones, deseos, palabras, miradas… en definitiva, en el hacer diario.

 

Entender la vida o el envejecimiento como un proceso y al ser humano como un ser de cuidado seguramente nos ayudará a configurar, en términos de Leonardo Boff, un nuevo «ethos civilizacional» que nos permita dar un salto cualitativo hacia las formas más cooperativas de convivencia, de una renovada veneración por el misterio que acompaña y que sostiene el envejecimiento como proceso evolutivo. Dice Boff: «Por todas partes se formula el deseo de una nueva alianza de paz perenne con las demás especies y con la tierra. Ese nuevo contrato social descansa en la participación respetuosa del mayor número posible de personas, en la valoración de la diferencia, en la aceptación de las complementariedades y en la convergencia construida a partir de la diversidad de culturas, de modos de producción, de tradiciones y de sentidos de vida». Suena hermoso. Parece sencillo. Hemos de empezar ya mismo. La vejez no es un «problema» de viejos o de estados con población envejecida. La vejez es un tema de todos porque la vida lo es en cualquiera de sus estadios. Porque con algo de suerte, las canas brotarán y las arrugas sellarán alguna parte de nuestro cuerpo y será en ese preciso momento donde deberemos poner a prueba nuestros preconceptos y abrazar sin más una etapa igual de valiosa que sus predecesoras.

 *Lic. en Comunicación Social, periodista especialista en VEJEZ.