Edad: ¿de qué modo miramos la VEJEZ?

¡Lo entiendo perfectamente! El proceso de envejecimiento es inherente a la vida. Si no envejecemos significa que hemos muerto. Todos envejecemos, no importa qué edad tengamos, mientras vivamos vamos a envejecer. También tengo muy claro que la cultura y el modo en que entendemos la vida imponen ciertas miradas que desnaturalizan la realidad. Que esas miradas son sesgadas y cargadas de prejuicios. Que asumir la vejez no significa ceder la independencia, el poder de decisión y la capacidad de escucha. ¿Pero qué pasa cuando la razón y la comprensión no son suficientes para tolerar la realidad?

Acompañé a Marta a un sin fin de entrevistas laborales tras haber tomado la decisión de volver a trabajar. En todas, absolutamente todas las entrevistas intuí que la habían convocado por curiosidad. Sí, así como lo leen… cu-rio-si-dad. Hasta podía escuchar las voces internas de quienes la recibieron, lapidarias e impiadosas, riéndose de ella.

Por supuesto, las respuestas fueron unánimes… «Usted señora es muy grande para este puesto». Grande, vieja, inútil, es lo mismo. Marta -que fue con poquísimas expectativas- en apariencia, se lo tomó con mucha calma pero creo en el fondo se resignó. Por la noche, a modo de catarsis comencé a escribir la columna de hoy.
Las categorizaciones etarias son un invento que devienen con la modernidad. Las comunidades aborígenes no conciben la vida en etapas (niñez, adolescencia, juventud, madurez y vejez) Para ellas la vida es simplemente eso… vida. Son en función de cómo se conectan con el resto de la naturaleza, son parte de ella, madre de sus tiempos y cronologías. L@s viej@s más viej@s de las tribus asumen el rol de consejeros no porque sean mejores o más importantes que el resto sino porque han caminado más años porque representan todas las edades en una. Si miramos de este modo, hemos de entender que mientras más envejezcamos más transgeneracionales seremos.

Utopía
Entiendo la vida como una sumatoria de experiencias que van delineando nuestro trayecto. Entiendo la vida desde el aporte colectivo, desde la construcción de una rutina que se define en equipo y que aporta a la edificación de un mundo más amoroso cuando comprendemos que el otr@ no viene a quitarnos nada… sino a brindar su única e intransferible humanidad.
Como vieja que soy no deseo ni quiero quitarle el lugar a ningún/a joven. Anhelo encontrarme con ell@s y aportar juntos, experiencias, vivencias, capacidad de escucha, aprendizaje, compañía… Quiero dar por dar. En la edición del diario Hoy Día Córdoba de ayer jueves 25 de agosto Leonardo Boff habla de la utopía: «la utopía no se opone a la realidad, pertenece a ella, porque esta no está hecha sólo de lo que es dado, sino de lo que es potencial y que algún día podría transformarse en dado». Tengo la profunda esperanza que la mirada prejuiciosa de la vejez irá transformándose paulatinamente en una mirada integradora de la vida. Con algo de suerte quienes en este preciso instante estén naciendo, podrán llegar a viej@s. Cuando lo hagan, el planeta habrá duplicado la proporción de sus habitantes mayores de 60 años. O entendemos que la vejez es de tod@s o llegaremos a viej@s reproduciendo la violencia de la que hoy somos víctimas y victmarios, porque si en algo tengo que ser honesta es en asumir que los primeros en actuar el prejuicio somos los viej@s. Marta se animó a desafiar el paradigma, ojalá lo reintente una y otra vez hasta hallar ese lugar en el que su trayecto vital, sus competencias emocionales y espirituales tengan más valor que su edad.

Porota Vida
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