Disfrutar de las pequeñas cosas

Mi vecina, Raquel, es una mujer finísima. A pesar de su magra jubilación y pensión siempre está arreglada y huele bien. Lo que más admiro de ella es su voluntad para pintarse y despintarse todos los días. ¡Mirá que maquillar un rostro arrugado no es sencillo! Cuando se casó la nieta de otra amiga muy querida en mi familia, su maquilladora intentó arreglarme un poco, ¡quedé irreconocible! La pobre chica era tan perfeccionista que tardó casi dos horas en cubrir los surcos de mi rostro. Maldije el día en que me dejé maquillar. Pili va a cumplir un año de casada y yo un año de escuchar constantemente a mis hijas, amigas, nietos y cuanta persona me vio esa noche: «Porota, pintate, ¡estabas tan linda en el casamiento de Pili!» La verdad, no me lo creo. Aún recuerdo el nudo en el estómago cuando comencé a desmaquillarme. Una lágrima corrió por mi mejilla… ya no me sentía aquella bella mujer que robaba los suspiros de cuánto hombre caminaba por la calle.

 

Hace poco acompañé a Raquel al teatro. Tanto me insistió que terminé accediendo. No supe qué ponerme y por supuesto no me maquillé. Me sentí opacada a su lado. Ella siempre tan radiante y cuidadosa con su aspecto personal. Goyeneche sonaba de fondo cuando de repente Raquel se levantó y comenzó a bailar. A los pocos minutos un elegante señor le ofreció sus brazos.

 

«Quereme así, piantao, piantao, piantao…
trepate a esta ternura de loco que hay en mí,
ponete esta peluca de alondra y volá, volá conmigo ya:
vení, quereme así piantao, piantao, piantao,
abrite los amores que vamos a intentar
la trágica locura total de revivir».

 

Cuando la obra terminó caminamos en silencio hacia el bar de la otra cuadra. Fue un silencio inundado de palabras, de suspiros, de preguntas, hasta que finalmente pude romperlo. «Raquel, ¿por qué?», le pregunté. Ella me miró, frunció su sonrisa dibujada y respondió con calma: «Porque así me siento, linda, con ganas de bailar, de disfrutar de las pequeñas cosas. Porque me gusta sentir la seda de mi pollera rosándome las piernas. Porque me gusta elegir el labial de moda. Porque mis piernas aún desean moverse. Porque sí».

 

¡Porque sí!

 

Porota
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