Hoy nos llega la historia de una abuela, madre y empresaria del mundo de la moda
y las telas. Con lujo de detalle nos va contando cómo han sido sus días junto a sus
nietos y su hija en la fábrica. Y cuánto fueron compartiendo, aprendiendo y
disfrutando del arte y trabajo, mutuamente. Te invitamos a recorrer sus memorias y
conocer el fascinante mundo del diseño desde aquellos figurines a las pantallas de
hoy.

De los figurines a la tecnología

En estos días de tiempos disponibles, se agolpan recuerdos gratos.
Dos de mis nietos venían mucho a la fábrica desde pequeños acompañando a su mamá.
A Gonzalo le gustaba ir al área expedición y a Mariana, a mi oficina. Ella se sentaba a mi
lado y dibujaba mientras yo diseñaba. A los siete años hizo un dibujo tan bueno que se
usó para la sección Niñas. Ese fue un estímulo importante para ella.
Yo hacía los bocetos de los modelos para mujeres. Graciela,mi hija que también es
pintora, diseñaba los estampados y entre las dos, estaba Mariana observando cómo
armábamos los paneles de diseño, para enviar con la tela a la estampería.
Los domingos eran días de juegos y alguna visita. En la casa de Xul Solar los dos
copiaban los cuadros sentados en el suelo. En una visita guiada para niños en el MNBA,
ante el cuadro “La pulpería” de Carlos Morel, me sorprendió escuchar la vocecita de
Mariana, para nada tímida, dando su parecer a la guía.
A los 14 mientras cursaba segundo año del secundario, comenzó un curso de Moldería. Al
principio le resultaba muy abstracto el nuevo vocabulario, entonces venía a casa, y juntas
hacíamos los moldes en papel manteca o papel de molde, aplicando las transformaciones
requeridas por sus profesores. Fueron cuatro años en los que pasamos juntas muchas
horas compartiendo información y trabajos que finalmente se plasmaban en sus moldes.
Junto al título secundario, recibió el diploma Moldería y se inscribió en la Licenciatura de
Diseño de Indumentaria de la UBA. Mientras cursaba venía a trabajar con nosotros. Así
incorporó conocimientos y experiencias prácticas. Hizo moldería para niñas primero.
Después, siempre conversado y corregido se dedicó a jovencitas.
Durante la carrera, mi nieta y yo teníamos largas conversaciones con sus nuevas
inquietudes y cuando había trabajos difíciles o realizar prototipos complejos, fuimos fuente
de colaboración para ella, algo que hoy agradece. También nosotras, que aprendimos
mucho de ella.

El tema de su tesis fue: “El arte y la Moda”. Curiosamente recurrió a aquel cuadro de
Morel que le había llamado la atención en el MNBA y al retrato de Manuelita Rosas de
Prilidiano Pueyrredón como comparativas de la moda en esos años. Una satisfacción para
mí, pensar que de todo aquello compartido de pequeños, algunas semillas han quedado
y germinan en el momento oportuno.
Paralelamente, en todos estos años las técnicas de producción cambiaron. Se fue
pasando de lo artesanal a lo tecnológico, de los figurines dibujados a mano a los
programas de diseño, los shablones de serigrafía pasaron a ser sublimados, los moldes
de cartulina a moldería con ficha técnica geometral que simplifica la progresión de cada
modelo. Antes se hacían ocho talles ahora, con una mirada más inclusiva hacemos trece
talles. Todos tienen derecho a encontrar una prenda que les quede bien. Por eso nuestro
lema es "todos los talles, el tuyo también".
Los jóvenes –mis nietos- son quienes están detrás de todas esas renovaciones.
Incorporaron el programa Corel, y con él, la maquinaria para hacer la moldería.
Aumentaron la producción y abarataron costos.
Mariana es ahora la diseñadora de la empresa, y aunque yo ya me he retirado, no deja de
pedirme opinión para hacerme sentir que aún trabajamos en equipo.

Martha Guzmán, 86 años.
Ciudad Autónoma de Buenos Aires

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