Belleza: ¿qué valores le asignamos?

Beatrix Ost, Iris Apfel, Daphne Selfe, Valerie Von Sobel, Tsipora Salamon, Linda Rodin, Oldushka, Jenny Kee son ocho mujeres mayores que, hace poco, la prestigiosa revista Vogue destacó por su belleza, estilo e hiperactividad en las redes sociales. Ellas continúan vigentes en el mundo de la moda, imponiendo su propio estilo; mostrando y demostrando que no hay edad para disfrutar del cuerpo y sus múltiples facetas. Las admiro profundamente porque han sabido aceptarse y amigarse con el paso de los años. Beatrix se tiñó el pelo de morado y azul. Iris deslumbra con sus anteojos y accesorios extravagantes. Daphne no sólo es la modelo más vieja del mundo sino la mujer con el cabello gris más hermoso que haya visto. Valerie es increíblemente osada y elegante. Tzipora se destaca por sus disímiles sombreros de colección. Linda es una bellísima editora de moda neoyorquina. Oldushka representa a las mujeres de edad más comunes con una fuerte impronta en la vestimenta «cool» mientras que Jenny despliega simpatía no sólo con su sonrisa sino con sus turbantes y anteojos de color. Todas ellas personifican a un sin fin de mujeres mayores que abrazan las arrugas, peinan canas y despliegan sensualidad. Todas ellas, lo deseen o no, rompen con la mirada prejuiciosa de la cultura en la que vivimos; una cultura que enaltece excesivamente la juventud y desprecia la vejez. ¡Qué gran paradoja! Todos aspiramos a vivir muchos años pero somos pocos los que deseamos envejecer. La mirada «anti-age» de estos tiempos no hace más que retrasar la conexión necesaria con un@ mism@. «Anti-age» significa «antiedad» osea, «anti envejecimiento». Todos quienes vivimos en este planeta debemos envejecer para vivir. Si no envejecemos quiere decir que hemos muerto. Quedarnos estancad@s en las diferentes etapas vitales por las que ya hemos atravesado poco ayuda a conectar con el presente. Adjetivar los términos «juventud» o «vejez» en lugar de tratarlos como lo que son, sustantivos, ha contribuido a idealizarlos y estigmatizarlos. Ni una cosa ni otra. Cada etapa tiene lo suyo. Ni mejor ni peor… diferente. Ni la juventud es tan ideal ni la vejez tan fatal. «¿Quien quiere tener nuevamente 20 años?» preguntó la profesora en la clase pasada. Tod@s levantamos la mano. Posteriormente aclaró… «recuerden que de volver a los 20 la condición sería no recordar un sólo detalle del trayecto vital recorrido hasta ahora» o sea, volver a los 20 sin conciencia del retorno. Silencio de por medio… la profe repreguntó: «¿quién quiere tener nuevamente 20 años?». Solo Susana levantó la mano y sonrió pícaramente. Es que en el fondo no queremos volver a los 20, lo que realmente ostentamos son aquellos atributos, adjetivos que quedaron amarrados a esa edad, a esa época llamada juventud: deseo, pasión, sensualidad, erotismo, aventura, sueños, proyectos, deseos, vitalidad, amor, amoríos, irracionalidad, irreverencia, etc. Cuando pude reparar en la trampa abrí la puerta de la jaula y me sentí libre. Me sentí con el pleno derecho de pedirle a la juventud compartir sus atributos con la vejez, es más, de ponernos de acuerdo para entender que ninguno de ellos le pertenece. Los atributos son sólo eso, descripciones significativas de un determinado estado. No importa qué edad tengamos, desear ser “cool”, oasad@, vital, aveturer@, irracional, sensual, libre… es de tod@s y para todas las edades. Es muy, muy importante que comencemos a repensar los modos en que imponemos las reglas, en los que definimos el sentido del mundo. Resignificar el término «belleza» es una tarea que debemos emprender en conjunto todas las generaciones. Miramos a los demás del mismo modo en que lo hacemos con nosotros mismos. Si hemos de pasarnos la vida tratando de revertir lo inevitable, el paso del tiempo, asumamos también que hemos de pasarnos la vida sin poder conectar con la belleza que nos habita; tan única y singular como personas existen en el planeta. No hay un sólo modo de apreciar, de disfrutar, de ser. Ni l@s jóvenes son lo que la cultura del éxito dicen que deben ser, ni los viej@s son lo que la cultura anti-age establece que deben no ser. Despojar a los términos «viej@» y «joven» de adjetivos peyorativos o elogiosos es la gran tarea para las generaciones que nos siguen. Admirar la osadía, belleza y sensualidad de las mujeres de Vogue es un modo de empezar.
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Por último, te invito a reflexionar sobre cómo las mujeres, madres, abuelas, transmitimos los modos en los que nos apreciamos y queremos. Imperdible el video “Legado” de Dove en Youtube.

¡Gracias!
Porota Vida
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