Al final, la vejez era cuestión de saberla vivir, nada más

Desde el extremo norte de nuestro país, recibimos el testimonio de Octavio José Tintilay, un jujeño que nos cuenta en primera persona, su experiencia al jubilarse. Quizás, influido por su docencia, decidió planificar esa nueva etapa en su vida. Pero la vida siempre nos sorprende, y su vejez no iba a ser la excepción. 

 

 

Al final, la vejez era cuestión de saberla vivir, nada más

Hola, soy Octavio José Tintilay, jubilado docente de 64 años. Vivo en la ciudad de San Salvador de Jujuy, soy viudo, y actualmente estoy en pareja. 

 

Me enganché con esta propuesta porque quiero contarles que, aunque la anhelaba, siempre había temido la llegada de la jubilación, y con ella, la vejez. Sin embargo, entendía que esta etapa era muy importante, y quizás, la más trascendente de todas porque definitivamente mi vida me pertenecería. 

 

Así fue como comencé a organizarla a conciencia, me propuse hacer de ella lo que realmente es: parte de la vida. Empecé con estudios médicos,  serios y profundos, a conciencia, obedeciendo los consejos de los profesionales. 

 

Desde que me jubilé retorné al gimnasio, al que asisto tres veces a la semana; hoy voy de acuerdo a la terminación de mi DNI por la pandemia. Bajé de peso y mejoré considerablemente mi condición física y mental, ya que duermo bien y aprendí a alimentarme correctamente, o al menos eso creo. Retiro una vianda de tipo vegetariana, y los fines de semana cocino yo, así que también me doy los gustos. No fumo, ni bebo alcohol, salvo un vaso de cerveza o algún vaso de buen vino cuando la situación lo amerita.

 

Ustedes se preguntarán qué descubrí. Descubrí que la vida es encantadora, y puedo hacer todas esas cosas que siempre me prometía, y que por la excusa de la “falta de tiempo”, nunca las hacía. Incluso tengo una generosa biblioteca de cocina que me permite experimentar, aprender y disfrutar de nuevas recetas. ¡Para mí es una terapia!

Se preguntan qué encontré. Pues que todo el tiempo me pertenece. Hago la mayoría de las diligencias caminando, lo que me permite quedarme a contemplar y disfrutar de paisajes, charlas y encuentros con amigos; situaciones que antes eran imposibles por el trajín del día a día. Ahora no tengo apuro si debo hacer una fila para pagar o comprar algo. Puedo sentarme en el banco de una plaza, cualquier día y a cualquier hora, sin prisa alguna.

No tengo horario, pero me gusta levantarme temprano porque cada día me parece más maravilloso que el anterior. Comparto almuerzos e interminables meriendas con mi pareja, también docente jubilada. Disfrutamos de algún programa en la televisión o de alguna película ¡Todas las horas nos pertenecen! 

 

Tengo la suerte de vivir con mis dos hijos y sentir su afecto que se traduce en los cuidados que me brindan a diario.  Cuando podemos, compartimos alguna pizza o asado, pues, como dice la psicóloga, vivimos en clan: todos en el mismo terreno, pero cada uno en su departamento. Esto también me permite acompañar y ayudar con sus tareas virtuales a mis dos nietos, y disfrutar de ellos aprendiendo, porque a su vez ellos me enseñan a usar las nuevas tecnologías.

 

Si me preguntan en qué me afectó esta pandemia, creo que simplemente me imposibilita hacer mis caminatas diarias de la tarde porque puedo salir según la terminación de mi documento de identidad. Solo eso.

 

¿Qué me estaría faltando?  Aprender el lenguaje de los sordomudos y francés.

¿Y cómo voy con remedios? Solo uno por ahora, por una artritis de hombro que tengo, pero gracias a ese medicamento, estoy de maravillas.

 

¿Consejos?, aunque no sea quién para darlos, les sugiero que descansen bien a diario, que hagan ejercicio físico, que aunque al principio requiere disciplina después se convierte en una necesidad… Les recomendaría también que mantengan una buena alimentación y que no se descuiden con el control médico, pero, por sobre todas las cosas, les sugiero que tengan muchas… muchísimas  ¡ganas de vivir!

 

Al final, no era tan temida la vejez, ¿no? ¡Vaya que era cuestión de saberla vivir…nada más!

 

 

                                                                                                                                                                          Octavio José Tintilay (64 años)

San Salvador de Jujuy