Mi mente está en blanco. El tópico que tenía previsto desplegar pereció antes de publicarse. Y como mujer, madre y abuela que soy hay hechos que siento, no puedo dejar de lado. Imposible desconocer lo que hace décadas viene aconteciendo. Imposible ignorar las voces, los relatos, las historias que hoy ven la luz y que, nos guste o no reconocerlo, hablan también por aquellas que ya no están: nuestras madres, nuestras abuelas, nuestro árbol femenino.

 

A la izquierda me miran ansiosos mis libros más consultados: “Las brujas no se quejan” y “Mensaje urgente a las mujeres” de Jean Shinoda Bolen; “La rueda de la vida” de Elisabeth Kübler Ross; “El largo camino hacia la libertad” de Nelson Mandela; “No hay silencio que no termine” de Ingrid Betancourt; “Una habitación propia” de Virginia Woolf; “La Vejez” de Simone de Beauvoir y “El cuidado esencial” de Leonardo Boff.

 

De cada uno me robo un pedacito y armo mi propio “Cadáver exquisito”. Te invito a que leas los textos de corrido. Sin reparar en detalles, ni tratar de adivinar quién es el autor o la autora. Así… en voz alta o en silencio, con música de fondo, bajo la brisa fresca de alguna ventada piadosa que te encuentra sin pausa:

“Dentro de cien años, pensé llegando a la puerta de mi casa, las mujeres habrán dejado de ser el sexo protegido. Lógicamente, tomarán parte en todas las actividades y esfuerzos que antes les eran prohibidos. La niñera repartirá carbón. La tendera conducirá una locomotora. Todas las suposiciones fundadas en hechos observados cuando las mujeres eran el sexo protegido habrán desaparecido.

 

La mujer es un recipiente donde fluyen y relampaguean perpetuamente toda clase de espíritus y fuerzas.

¿Por qué no podrían añadir un suplemento a la Historia, dándole, por ejemplo, un nombre muy discreto para que las mujeres pudieran figurar en él sin impropiedad?” (V.W)
“El que no está atento, cuando por fin florecen, tiene la sensación de que han aparecido de la noche a la mañana. La atención está puesta allá donde está la acción: en las guerras, en los conflictos, en los centros de poder, en los escándalos (…) las mujeres han empezado a comprender el mensaje: Reúne a las mujeres, salva el mundo” (J.S.B)

 

“Cuando hay respeto por el otro se desvanecen las filosofías sociales y políticas que pretenden señalar los caminos adecuados de la historia o de los órdenes políticos, en la medida en que haya seres humanos sometidos a otros con el argumento de que están equivocados. Por simple que parezca, todos dependemos de la cooperación, no de la competencia” (L.G)

 

“Encadenada del cuello a un árbol, desposeída de toda libertad, la de moverse, sentarse o pararse, hablar o callar, la de comer o beber, y aún la más elemental de todas, la de aliviarse del cuerpo… entendí -pero me tomó muchos años hacerlo- que uno guarda a pesar de todo la más valiosa de las libertades, la que nadie te puede arrebatar: aquella de decidir quién quiero ser” (I.B)

 

“La verdad es que aún no somos libres, sólo hemos logrado la libertad de ser libres, el derecho a no ser oprimidos. Ser libre no es simplemente desprenderse de las cadenas, sino vivir de un modo que respete y aumente la libertad de los demás. Mi largo camino aún no ha terminado” (N.M)

 

“La sociedad sólo se preocupa del individuo en la medida en que produce. Los jóvenes lo saben. Su ansiedad en el momento en que abordan la vida social es simétrica a la angustia de los viejos en el momento en que quedan excluidos. (…) todo el sistema es lo que está en juego y la reivindicación no puede sino ser radical: cambiar la vida” (S.D)

 

“Nuestra responsabilidad por el otro, el cuidado del otro, su reconocimiento, su valoración, presume la ruptura con la mismidad, con lo rutinario; implica captar y aceptar la existencia del otro (los demás) aún como diferente, opuesto, incluso, contrario a nosotros mismos” (L.B).
“La única finalidad de la vida es crecer. La lección última es aprender a amar y ser amados incondicionalmente. No se puede sanar al mundo sin sanarse primero a sí mismo. Todo es soportable cuando hay amor” (E.K.R)

 

Porota.
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