Listar las ataduras para volver a empezar

«¿Por qué a veces elegimos seguir estando atad@s a actividades, tareas, personas o modos de entender la vida que no nos hacen felices?» me preguntó una señora por correo electrónico. Dedico mi reflexión de hoy a quienes me escriben con el corazón abierto y a mis amigas sexagenarias que me ayudaron a construir un listado de aquellos momentos en los que pusimos en jaque nuestros deseos y pasiones. Les comparto, a continuación, algunos de esos momentos que nos alejaron de nuestro ser más profundo y esencial rescatando la sinceridad y capacidad autocrítica demostrada por cada una de nosotras. Si bien lo que contaron, en algunos casos fue absolutamente doloroso, queda la esperanza de que nunca es tarde para reparar el daño. El primer paso es justamente este: asumir, con compasión y paciencia, nuestra propia violencia y elecciones; como protagonistas de una historia que nos pertenece. ¡Aquí vamos!

Porota: Cuéntenme episodios de sus vidas en los que resignaron verdad, amor, pasión, alegría por ataduras, violencia, mentiras, tristeza, destrucción, desunión, etc.

Mis amigas:

  • Resigné vivir un amor verdadero por casarme con el único hombre que mi mamá aceptó como yerno.

  • Dejé mi trabajo fijo para «dedicarme» a la familia.

  • Abandoné mis estudios terciarios por pedido de mi marido.

  • Perdí autonomía para manejar mi dinero cuando le permití a mi esposo que administrase las finanzas de la casa.

  • Perdí autoestima cuando comencé a creer todo lo que decían de mí. Me odié tanto a mi misma que llegué a engordar 30 kilos.

  • Tuve miedo a todo. ¡Tanto! que no registro momentos «valientes».

  • Me quedé callada antes situaciones injustas, violentas y desagarradoras. No me perdonaré jamás haber permitido que mi segundo marido golpeara a mis hij@s.

  • Sometí a mis hij@s y en consecuencia a mi misma a amenazas, acosos y hostigamiento por parte de mi pareja.

  • Me quedé sin amig@s cuando cedí ante las humillaciones de mi pareja.

  • Delegue el placer sexual por estar con una persona que jamás quise.

  • Me encerré en mi casa. Jamás tuve amigas… ¡hasta ahora!

  • Descuidé mi cuerpo y mi alimentación. Hoy pago las consecuencias.

  • Perpetué un matrimonio desapasionado por el “qué dirán”.

  • No reaccioné cuando perdí mi trabajo tras haber confesado mi homosexualidad.

  • Naturalicé situaciones de subordinación por ser mujer.

  • Fomenté las “guerras” entre mis hij@s.

  • Desprecié impiadosamente a mi marido, al punto de poner a mis hij@s en su contra.

  • Dejé de viajar.

  • Di en adopción a mi primogénito.

  • Jamás les dije “te amo” a mis hij@s.

  • No aprendí a manejar.

  • Abandoné mi pasión por la música.

  • Dejé de pintar.

  • No disfruté de mi cuerpo. Estuve siempre acomplejada. Hoy me veo en las fotos y me descubro hermosa.

Porota Vida
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18 noviembre, 2016
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