La vida, un camino

La vida, un camino

Compartí esta publicación en tus redes sociales
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

En la decimo sexta voz mayor, Omar no se privó de nada en la vida. No retaceó emociones y se dejó sorprender por cuanto se puso al frente.  Pasó de la Bonaerense a Tosco, de Buenos Aires a Córdoba, del Operativo Sol al amor, de la informática al arte, de la adultez a la vejez. Cada cosa la vivió y la vive con una mezcla de naturalidad y conciencia al mismo tiempo. Te invitamos a conocer su historia, a transitar en estas líneas, su camino. 

 

 

 

 porotLa vida, un camino

 

Soy Omar Morosi y vivo en Córdoba. Tengo 70 años. Dicho así no parece nada extraordinario. Pero mirando para atrás es increíble. Por mi y nuestra vida pasaron golpes de Estado, movimientos revolucionarios, represión indiscriminada, una guerra, hiperinflaciones, hipercorrupciones… Y de punta a punta, crisis y decadencia permanente. En el mundo, el cambio social, político y tecnológico más veloz y drástico de la historia de la humanidad.  Y encima, la pandemia.

Todos sabemos esto, pero dicho de corrido parece inabarcable para una sola vida. Asombra nuestra capacidad de resistencia y adaptación.

En ese contexto debimos vivir. Y en estos días que nos llevan a la introspección, recordamos nuestra historia individual.

Nací y viví hasta los 17 años en dos pueblos del interior de la provincia de Buenos Aires. Como en una novela de Manuel Puig. A los 18 era oficial de la Bonaerense en La Plata. Un año en una comisaría y tres en el cuerpo de Bomberos. Comencé Ciencias Económicas en la Universidad Nacional de La Plata. 

En 1972 Operativo Sol. Y voy como refuerzo a Mar del Plata. Allí me encuentra un amor de verano con una cordobesa que ya va durando 48 años y me trajo a Córdoba. Además del amor otras cosas me hicieron venir aquí. El vibrante ambiente político y cultural. Simpatizar con la Izquierda, Tosco, Salamanca,  Atilio y sus arengas, que ponían la piel de gallina. Las peñas en Alberdi, Cognini y Hortensia, Posdata y Córdoba Va. Y las Sierras increíbles para un bicho de las Pampas. Muy rápido cambié la tonada y me nacionalicé cordobés.

Después vino la noche y por suerte zafamos. Perdimos amigos y conocidos, se nos destrozó la esperanza. 

Me recibí en la UNC, y me dediqué a la informática. Estuve 40 años en la misma empresa. Sin fanatismo por lo que hacía, pero con desafíos, compensaciones y experiencias interesantes. 

Mientras tanto, vivíamos. Una familia todavía unida y tres hijas. Costó, pero fue y sigue siendo hermoso. La tarea y el disfrute no se acaban, ya tenemos 3 nietos.

Temprano llegué a la conclusión que la vida no debía ser un destino, un punto de llegada, sino un camino que recorremos entrando en cada desvío. Hacer lo que a uno lo entusiasma en un momento, tener vivencias distintas que nos enriquezcan, aunque sean tristes, difíciles o aún dramáticas.

Mis pasiones culturales son la música, sobre todo jazz, teatro, libros, arquitectura, fotografía y lo máximo el cine, del bueno si es posible. Actividades, intentamos varias hasta que llegó el Ensamble Creativo del Museo Ferreyra, que hoy nos permite expresarnos y producir en un ambiente que nos motiva y nos contiene.

La otra gran pasión son los viajes de naturaleza o cultura. Conocer las sierras hasta el último rincón, recorrer casi todo el país, y bastante del exterior. 

Hoy en mi retiro laboral, sigo buscando. Construimos una nueva casa, más grande y cómoda, cerca de nuestras hijas. Nuevos amigos y otras experiencias en otro lugar. Y allí un nuevo entusiasmo, las plantas, que adornan la vida y llenan las horas.

 ¿La vejez? Es parte de lo mismo, llega de a poco y casi no se nota, salvo un poco en el cuerpo. Toda una experiencia poder vivirla y convivir con ella. Lo más naturalmente posible. Aprovechar sus ventajas y enfrentar sus problemas.

Aun en la Pandemia, y también cuando termine, pienso seguir en el camino que se hace al andar – muy sabio Machado- por el tiempo que me quede y mientras el cuerpo aguante. 

Cuando no se pueda más, recordaré cada curva de la ruta y diré como Neruda: “Confieso que he vivido”.

 

 

Omar Morosi (70 años)

Córdoba

#VOCESMAYORES

Registro Federal de Historias +60   

Compartí esta publicación en tus redes sociales
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
También compartieron sus historias
Puede Interesarte