Esta soy yo

Nuestro registro federal de testimonios sobre las formas de vivir la vejez sigue creciendo. En esta entrega, la décima, compartimos la voz de Norma Luisa Gómez. Ella tiene 73 años y vive en una residencia para personas mayores en la localidad cordobesa de Oncativo. Gracias a sus líneas, nos asomamos en la vida de una mujer que honra la vida.

 

 

Esta soy yo

Tengo 73 años, soy de géminis, me gusta escuchar lo que dicen de los signos, antes lo leía siempre. Muchas veces aciertan, para mí es lindo y divertido, de lo que me dicen tomo lo que me hace bien.

A partir de la propuesta quiero contarles sobre mi vida. Soy oriunda de Laguna Larga (Córdoba), estuve allí hasta los 17 años cuando  me casé por civil e iglesia, muy joven, y me fui. 

Fui feliz en mi niñez porque éramos muchos hermanos y primos que jugábamos hasta cansarnos. Mi adolescencia fue hermosa. No quise estudiar, y mi papá me dijo: – ¡Vas a hacer algo! Entonces estudié costura y peluquería, y fui peluquera en mi casa paterna. 

En 1965 me casé con Omar y me fui a vivir a Córdoba. Al poco tiempo, tuve a mi primera hija, Violeta.  Luego de 4 años, a Mara; ambas nacieron en la clínica de los militares porque mi esposo trabajaba en la Fábrica Argentina de Aviones (en ese momento Fábrica Militar de Aviones) hasta que se enfermó de artritis y tuvo problemas en los pulmones. Durante 13 años viví allí, estaba enamorada del barrio y de la vida en la ciudad. La tercera de mis hijas llegó 4 años después. De ese parto no son tan lindos los recuerdos porque nació prematura, pero todo salió bien y eso es lo que cuenta. 

Durante el “Cordobazo” las manifestaciones me sorprendieron en pleno centro de la ciudad, cuando fui a buscar la chequera obrera que la fábrica le daba a Omar para hacer las compras, y me asusté. Se me venía encima una multitud, fue horrorosa esa sensación y corrí a tomar un ómnibus hasta llegar a casa. Fue difícil por entonces. 

Mi marido siguió enfermo y decidimos venirnos a vivir a Oncativo, porque aquí estaba su familia. Volví a quedar embarazada y tuve a Cristina quien hoy tiene 40 años, es maestra y vive en Laguna Larga. Y antes de que cumpliera un  año quedé embarazada de Melisa. 

Mi marido se fue, quedé viuda. En ese momento vivía en una casa con mi hija menor y yo trabajaba para una familia cuidando a una persona mayor. Recuerdo que eran todos muy amorosos. Pero cuando mi Melisa se casó, me mudé a un departamento. 

Pero un día, me caí y me quebré la clavícula. Hacía seis años que estaba ciega, fui perdiendo la vista, cada vez veía menos y un buen día, me caí. Estuve internada un tiempo y mis hijas tenían miedo de que me accidentara de nuevo. Entonces dispusieron traerme aquí, a la Residencia (“El Algarrobo”, de Oncativo, que depende de la Fundación Cesopol)

Acá estoy bien. Siempre tuve visitas de todos. Tengo mucha gente querida: desde el personal de limpieza y asistencia que tienen mucha paciencia y me tratan bien,  hasta las cocineras que nos preparan el menú, sano y rico. La directora de este establecimiento es médica, una eminencia junto al resto de los profesionales. Las enfermeras son excelentes. 

Me gusta estar aquí, siempre tengo ganas de hacer algo y para la fiesta del folklore bailamos una chacarera ¡Es divino! Aquí también conocí a un señor, se llamaba Germán, con él compartíamos mates, comidas… ¡Era mis ojos! Caminábamos y hablábamos. Él partió hace poco, y yo me estoy recuperando, junto a quienes comparto la mesa, ellos me ayudan y contienen. 

Cuando me pregunto por el significado de la vida, pienso que es todo. Es hermosa, y aunque uno tenga momentos malos, siempre hay esperanza. Yo tengo esperanza de seguir aquí y feliz. 

Pensé mucho en este lugar antes de venir, pero nunca imaginé que esta institución fuera tan así. Antes de traerme, mis hijas me preguntaron si quería estar aquí y les dije que sí. Yo vine contenta, era consciente. Hoy sigo alegre.

Los talleres de gimnasia son excelentes y variados, de sentada o parada, con elementos o aparatos. Hace bien, ocupar cuerpo y mente. Por eso espero que pase la cuarentena, para retomar también los talleres extras, personalmente me gustan mucho, todos. Recuerdo cuando la profe nos daba trabajo para hacer en el taller y Germán, escribía. Aquí se valora el momento, el buen momento, ese recuerdo, entre mate y galletitas lo conservo como un instante divertido.

Soy consciente de que no puedo estar sola en una casa y que mis hijas tienen que hacer su propia vida. Me quedo aquí, lo elijo así. Acá logran que hasta en la pandemia uno se sienta bien porque estamos sanos y nos cuidan. ¡Me encantan las llamadas con la familia! Y haber recibido visitas, aunque sea de a dos.  

En la vejez me siento bien y feliz. Me ha dado la oportunidad de tener una docena de nietos cuyas edades van de los 27 a los 9 años. Sé qué hacen, sé que son trabajadores, que son buenas personas. Todavía no se han casado, pero espero pase la pandemia y ¡vengan las fiestas!  

Soy optimista, quiero estar bien y me gustan las cosas que estoy haciendo. Estoy muy feliz. 

Norma Luisa Gómez (73)

Oncativo, Córdoba

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