Abrazar los años, abrazar la vida registrar nuestra violencia, danzar en círculos

Reflexionar sobre el 25 de noviembre ¡puf! qué tarea ardua de introspección. Hasta donde yo sé… la violencia hacia las mujeres y niñas ha sido algo tan natural y sistemática en los miles de años que me anteceden que criticar mis contribuciones hacia esas prácticas me resulta agotador. Todavía me resuena el grito de mi madre tras verme lucir mi primer Oxford que marcaba sin tapujos mi figura veinteañera. Tal fue la humillación que tuvieron que pasar 10 años para que me pudiese despojar de mis polleras a las rodillas y animarme a los jeans que tanto se usaban. ¡De qué me quejo! Si hasta el día de hoy veo a las jóvenes y adolescentes lucir su belleza bajo la contradicción de pensar en su descaro y actitud de provocación. Es un pensamiento que me invade automáticamente, como si su cuerpo sólo reflejase la tentación de ser consumido por el varón ¡Tal vez por eso envejecer nos cueste tanto! En el fondo, hemos sido programadas para actuar como objetos de deseo bajo estándares de belleza imposibles que lo único que hacen es escindirnos de la hermosura que nos habita y que nada tiene que ver con la apariencia física.

 

Hubo toda una cultura que sostuvo y sostiene esos modos de mirar y entender la vida. Una cosmovisión del ser humano alejada de una mirada integral y sostenida por una fuerza femenina que se sometió hasta la obsecuencia. ¿Y los varones?, los varones son apenas hijos nuestros; entregados a la disonante contradicción de depredarnos tras haberles dicho cuánto los habíamos amamantado.

Hoy, hartas de la violencia autogenerada, muchas mujeres, entre las que me incluyo, estamos intentando sortear las trampas de nuestros preconceptos. Y así…

  • Raquel pasea orgullosa a su nieto Manuel quien de vez en cuando le pide usar sus tacones para ir a la plaza. El niño apenas tiene tres años. Y Raquel entiende que es un niño. Ni varón ni mujer. Un niño que explora, que juega y que se divierte sin prejuicios. Su abuela no lo enjuicia ni lo mira de manera rara infiriendo hipótesis de adultos. Raquel simplemente disfruta del disfrute.

  • Meli, abraza a su hija orgullosa y la acompaña a comprar su regalo de egreso. Ya no se enoja por los tres tatuajes que la habitan en la espalda, el brazo derecho y el coxis. El piercing del pupo brilla intensamente con el sol de la ciudad. Meli perdió el miedo a que su hija fuese vejada por algún “depravado” porque ya entendió que Meli sabe que su cuerpo es valioso y que nadie puede abusar de

    él por el simple hecho de exhibirlo.

  • Santi, mi nieto, luce su bata cual Sandro antes de un show. Disfruta, tras bañarse, de caminar divinamente por la casa haciendo gala de su pose de niño afortunado porque finalmente su hermana le heredó su prenda más preciada: la bata rosa con ositos.

  • Ricardo luce aliviado, porque su hija mayor pudo entender que lo que estaba viviendo junto a su pareja era algo llamado “violencia psicológica y económica”. Lloró de alegría cuando abrió la puerta de su casa y halló a su niña desconsolada diciéndole “tenías razón”. Y nos aclara: “no me alegré porque me haya dado la razón, me alegré porque pudo irse y pedirme ayuda”.

  • Oscar contó con cierta desconfianza que su nieto Alfonso había dejado un trabajo porque se hartó de que su jefe se la pasara menospreciando a las mujeres y eligiendo a las secretarias por sus pechos y colas. ¡Puf! Qué alegría para nosotrxs saber que existen jóvenes que ya no son cómplices ni victimarios de prácticas tan violentas como frecuentes.

  • María renunció a su trabajo de empleada doméstica, cansada de notar como su “jefa” disminuía a su única hija mujer en detrimento de sus hermanos que contaban con la anuencia de su madre para maltratar y menospreciar a cuanta novia se les cruzaba por el camino.

Podría seguir enumerando casos de esperanza que nos anuncian un silencioso y paciente cambio. Un movimiento basado en el poder femenino como fuerza amorosa ya esbozado por la Doctora Jean Shinoda Bolen tras su paso por Córdoba: «… cuando un número crítico de personas cambia su modo de pensar y de comportarse, la cultura lo hace también y comienza una nueva era. Los círculos de mujeres pueden acelerar el cambio de la humanidad a una era post-patriarcal». Definitivamente este es el siglo de las mujeres. Hemos sido invitadas a accionar. Pero ya no desde la lógica de la guerra, sino desde la lógica del cuidado cuyos valores fundamentales son saber cuidar; saber hacer transacciones ganar-ganar y saber conversar.

La acción, el cambio, inician en casa. Con nosotras mismas. Dejando de lado el desprecio que nos propiciamos, en especial con lo que trae aparejado el paso del tiempo, y comprendiendo que somos parte de un curso perfecto de la vida.

¿Cómo dimensionar nuestra fortaleza?, ¿cómo huir de nuestra propia violencia y transformarla en una energía del cuidado?… la respuesta no es sencilla y tampoco emanará de mis palabras. Sólo estoy tratando de  mirarme y de comprender a toda una generación de mujeres que sin darse cuenta (o sí) vivió sus elecciones atravesadas por el miedo. Y que hoy en plena vejez ya no nos encajan más.

1. Manifiéstate
2. Presta atención
3. Di la verdad
4. Desvincúlate del resultado

(Ángeles Arrien)

Porota.

Ilustraciones por Membri

http://www.facebook.com/ReinaMembri

La paz en Oriente

Un ejemplo elocuente de la fuerza amorosa de la mujer fue lo que sucedió el pasado 8 de octubre. Es que miles de mujeres israelíes y palestinas protagonizaron una marcha por el desierto, vestidas de blanco, para pedir la paz en Oriente Próximo. La marcha terminó en la orilla del río Jordan, donde se levantó una simbólica «carpa por la paz» con los nombres de Hagar y Sarah, las madres de Ismael e Isaac, hermanastros patriarcas de musulmanes y judíos, según las Escrituras. «Somos mujeres de la izquierda, de derecha, árabes y judías, de ciudades y periferias, y hemos decidido que vamos a detener la próxima guerra», proclamó Marilyn Smadja, una de las fundadoras del grupo organizador del evento, Women Wage Peace (Mujeres que libran la paz). «Dicen que éste es un conflicto antiguo, pero nuestras madres ancestrales querían para sus hijos lo que queremos nosotras: prosperidad y seguridad», añadió la organización, creada tras la operación israelí en Gaza de 2014, que se cobró las vidas de 2.100 palestinos y 73 israelíes.

Durante su marcha, estas valientes mujeres que formaron un círculo simbólico de hermandad, despojadas de cualquier miramiento que siente las bases de un conflicto, cantaron durante su trayecto, una y otra vez la canción «Oración de las madres». Les recomiendo ver en YouTube las imágenes de la marcha.

«Del norte al sur
del oeste al este
escucha la oración de las madres
trayéndoles paz
trayéndoles paz»

 

Paz, Peace, Shalom, Salam

Que nadie se quede atrás

La ONU a través de la campaña «ÚNETE para ponerle fin a la violencia contra las mujeres» es la responsable de una acción que tiene como objetivo sensibilizar y movilizar al público en todo el mundo sobre este flagelo. Son 16 días que transcurren desde el pasado sábado 25 de noviembre hasta el próximo 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos. La campaña de este año se celebra bajo el tema: «Que nadie se quede atrás: pongamos fin a la violencia contras las mujeres y las niñas«. Este tópico refuerza el compromiso de la campaña ÚNETE con un mundo sin violencia para todas las mujeres y las niñas. Como en años anteriores, el eje de la propuesta consiste en «pintar el mundo de naranja» usando este color como símbolo de un futuro más brillante y sin violencia de género. Para más información ingresar a http://www.un.org/es/women/endviolence/

Incluso, si desde la institución en la que trabajas desean impulsar una acción de concientización ONU te ayuda a organizar la campaña con algunos consejos a tener en cuenta. Para que no tengas que navegar tanto, directamente ingresa a http://www.endvawnow.org/es/ y sigue los pasos.

 

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29 noviembre, 2017
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